DEL CASETE AL *DAB…Y DE LA POLÍTICA AL INMOVILISMO
Hubo un tiempo en el que la tecnología avanzaba a base de pequeños saltos que parecían gigantes. Por poner un ejemplo, que he vivido de primera mano: De la radio del coche pasamos al cartucho de 8 pistas, después al casete —con su carcasa de plástico y su etiqueta escrita a mano— y, más tarde, al CD. Hoy, los vehículos integran sistemas digitales con recepción *DAB, conectividad total y acceso inmediato a contenidos. *DAB-Digital Audio Broadcasting-Adiodifusión de Audio Digital.
LA EVOLUCIÓN HA SIDO IMPARABLE. NO PUEDE DECIRSE LO MISMO DE LA POLÍTICA.
Desde la aprobación de la Ley para la Reforma Política de 1976, España ha cambiado profundamente. La sociedad ha avanzado, la economía se ha transformado y la tecnología ha redefinido la vida cotidiana. Pero la política, entendida como práctica y cultura, sigue anclada en esquemas de hace décadas.
Sí, el modelo institucional ha crecido: comunidades autónomas, Gobierno central, Congreso, Senado, diputaciones, ayuntamientos. Más niveles, más estructura, la experiencia del ciudadano lo evidencia: Más duplicidades, más burocracia y más lentitud, trámites que se eternizan, servicios que no se coordinan y situaciones tan absurdas como no poder recoger determinados medicamentos fuera de tu comunidad autónoma.
Mientras tanto, el lenguaje cotidiano se ha llenado de nuevas consignas: “tiene que pedir cita”, “descárguese la app”, “introduzca usuario y contraseña”. La digitalización, que debería simplificar, a menudo añade nuevas capas de complejidad.
LA TECNOLOGÍA CORRE. LA POLÍTICA CAMINA, CUANDO NO SE QUEDA QUIETA.
El problema no es solo estructural, sino de prioridades. La política parece más centrada en el corto plazo electoral que en la resolución de los problemas reales. Se gobierna pensando en la siguiente votación, no en la siguiente generación.
Y los problemas están ahí, sin disimulo: Empleos mal pagados que obligan a miles de jóvenes a vivir al límite. Una generación que no trabaja para vivir, sino que vive para trabajar y pagar. Vivienda inaccesible. Costes básicos disparados. Infraestructuras que envejecen sin relevo. Listas de espera sanitarias que dejan de ser excepcionales para convertirse en norma.
Se podría pensar que es una percepción aislada, pero creo que es una experiencia compartida. Sin embargo, el debate político sigue girando en círculos: reproches cruzados, responsabilidades diluidas y promesas recicladas. Una maquinaria que se activa con intensidad en campaña electoral y se diluye después -ahora le toca a Andalucía-, a la espera de la siguiente convocatoria.
La pregunta ya no es si la política avanza menos que la tecnología. Eso es evidente.
La pregunta es si, en algún momento, decidirá avanzar de verdad.
Porque mientras el coche ya escucha radio digital, el ciudadano sigue esperando respuestas analógicas.
Y por si fuera poco, estamos a la espera de que el crucero de “alto poder adquisitivo” llegue a aguas territoriales de las Islas Canarias (España)






